
Junto a la tristeza también podemos destacar otros síntomas que alertan del trastorno depresivo. Pérdida de interés por las cosas, baja autoestima o decaimiento anímico total. Puede
derivar también en síntomas físicos como cansancio, pérdida de
apetito, pérdida de peso o dificultades para dormir, entre otras.
La
depresión lleva a la persona a perder valor por la vida dando lugar,
en ocasiones, a pensamientos relacionados con la muerte, con el
fracaso o de culpabilidad por el comportamiento que se tiene
hacia los demás. Puede afectar a la relaciones con la familia, la
pareja, los amigos o en el trabajo. Se trata de un
transtorno que mucha gente no entiende y que genera gran malestar en
aquellos que lo sufren.
Para abordar la depresión se puede combinar el tratamiento farmacológico
con el psicológico. Sin embargo, el trabajo directo con la persona
permite conocer las causas que han derivado hacia ese estado
depresivo. Puede ser que en ocasiones no se sepa por qué se ha
producido. Por ello el tratamiento psicológico aporta a la persona el apoyo y las herramientas necesaria para identificar el origen y conseguir salir de ese estado de malestar.
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